martes, marzo 23, 2004

Mereth Aderthad

Bueno, ya estamos de vuelta. La palabra que mejor describe estos cuatro días que he pasado en tierras levantinas en compañía de muchos compañeros y algunos amigos, es "intensa". Sin dudarlo.

Para aquellos que no lo sepan, una Mereth Aderthad o EstelCon es la Convención Anual de la Sociedad Tolkien Española. En esta ocasión el honor, o marrón según se mire, le ha correspondido al smial de Mithlond, la delegación local situada en Elche. El evento ha tenido lugar en un hotel metido en mitad de una sierra de dificil acceso, hasta para la cobertura de los móviles.

No es mi intención publicar aquí una crónica (que si no estos me saltan encima, habrá que esperar a la crónica del wiki ;), sino dar una serie de impresiones acerca de la STE y de la variopinta gente que pulula por ella. En esta ensalada de sentimientos hay pocas cosas que queden claras. pero voy a intentarlo.

Uno de los ingredientes de esta ensalada emocional es, sin dudarlo, la Magia. Uf... una palabra difícil de definir. Sentimiento de grupo, capacidad de ir más allá de la superficie, impresión de estar en un sitio distinto del que te encuentras, desaparecer... mil cosas. Estoy seguro de que, como el amor, la magia es una mezcla de sentimientos e impresiones tan genuinamente personal, que nadie estaría de acuerdo en la definición de esta palabra. Pero de lo que no hay duda es de que para mucha gente que asiste a estos eventos, la magia es una de las señas de indentidad de los mismos. Estoy de acuerdo con ellos.

Otro de los ingredientes ha sido la emoción. Emoción en el viaje, por lo que me espera ahí delante, emoción ante la espectación que se ha creado en torno a algunos actos, emoción de volver a ver a algunas personas a las que hacía demasiado tiempo que no veía... emoción, espera. Sin duda.

Otro más ha sido el binomio tristeza-alegría que me ha acompañado durante toda la estancia en el hotel. Las razones para una u otra son demasiado largas y enrevesadas para explicarlas aquí, pero una de las cosas que he aprendido es que la línea que separa a ambas es muy delgada, casi inexistente. He tenido momentos de alegría extrema y momentos de suprema tristeza. Es posible que esto no sea visible, pero ha sido así.

Otro, sin duda, la esperanza. He fallado. He fallado porque uno de los objetivos de este viaje era ser capaz de pasarlo bien sin que me afectase el pasado. Me he equivocado en parte. Y, si bien no he tenido éxito, al menos tampoco he fracasado del todo. Tengo esperanzas de que esto cambie en el futuro. Lo conseguiré. Es solamente cuestión de tiempo y de madurez. Tengo esperanza.

Otro, y de los más importantes: la alegría de ver que una persona amiga, que alguien de quien siempre has sospechado que era una persona para la que el Diccionario Universal de Halagos se quedaría corto, está ahí cuando lo necesitas, para regalarte su tiempo, su mirada, su hombro, su comprensión. Gracias... gracias, gracias.

Y los últimos: las ganas, la energía y la ilusión para emprender proyectos, futuros proyectos, grandes y pequeños, que hagan un poco más felices a estas personas que tienen la suerte (o la desgracia) de compartir momentos comigo.

Estos son los ingredientes de esta ensalada, que es amarga, y salada, pero dulce. No, no me he equivocado yendo allí. No me arrepiento. No puedo. Gracias Niniel por convencerme. Y a todos por estar allí.

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